
Solo era un niño perdido en su imaginación de cuentos de caballeros, guerreros milenarios, druidas encapuchados que vertian lo más magico de cada de ser en un enorme caldero, pero un día la inocencia se le agoto y igual que se agotan la cera de las velas. Su apariencia seguia siendo la de un niño pero cuando cruzabas los ojos con el rapidamente te dabas cuenta de la dureza de su mirada, era fria y distante hostil a cualquier intento de acercamiento.
Él ya no creia en cuentos ni en la magia.
Él habia perdido la fé